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AMENITIES Y PRODUCTOS DE ACOGIDA PARA HOTELES

Dormir en el paraíso, un sueño hecho realidad

15 de Julio 2010

Existe un lugar en España fiel reflejo de la memoria de su gente, de su cultura, de sus costumbres y sus tradiciones. Pero no es una historia en ruinas, sólo para recordar o imaginar lo que nuestra civilización fue antaño, sino una Historia viva que crece y florece, año tras año, desde hace siglos, y que en otra época llegó a enamorar a políticos, intelectuales, artistas y a la mismísima emperatriz Sissi.


Al Sudeste de la Península Ibérica, las últimas estribaciones del Sistema Bético cruzan una llanura que, bañada por las aguas del río Vinalopó, recogen la Historia de los diferentes pueblos mediterráneos que han dejado su huella con el paso del tiempo. Pero no se trata de castillos, murallas o esculturas, que también se pueden admirar allí, sino de la vida que brota de la tierra y crece en forma de palmeras desde que los fenicios plantaran los primeros huesos de dátiles y los musulmanes contribuyeran a su crecimiento con novedosos sistemas de riego. Hablamos del palmeral más grande y mejor conservado de Europa, superado tan sólo por algunos palmerales árabes, antecesores de éste, y que se encuentra ubicado en un lugar poco usual: el casco urbano de una gran ciudad, Elche.

Esta villa alicantina del siglo V a.C., enclavada en el corazón de la Costa Blanca y abierta al Mar Mediterráneo, ha sabido conservar con el paso de los años una de sus joyas más preciadas: el huerto ilicitano, extensiones de palmeras que forman el paisaje más característico de la región. Muchos son los huertos, públicos y privados, que decoran la ciudad de Elche y cuya población ha sabido cuidar con mimo durante siglos. Fruto de este trabajo, la UNESCO concedió al Palmeral de Elche el título de Patrimonio de la Humanidad en el año 2000.

Digno de un gran Imperio.

Dentro de este enclave de historia y naturaleza, hay un rincón inimaginable para los más alejados y casi desconocido para aquellos que están más cerca: el Huerto del Cura, crisol en el que se funde el amor al trabajo del hortelano levantino, con la belleza del paisaje mediterráneo y la magia de los oasis orientales. Conviven en él limoneros, naranjos, granados, cactus, higueras, algarrobos, azofaifos y otras plantas mediterráneas y tropicales, con más de quinientas palmeras milenarias de cien especies diferentes. Un verdadero paraíso donde luces y colores, aromas, sonidos y silencios, encuentran su máxima expresión.

El Huerto del Cura debe su nombre a su cuidador, el capellán José Castaño Sánchez, hijo de Andrés Castaño Peral, arrendatario de la parcela que, tras años de duro trabajo en la huerta, consiguió comprar al hacendado Juan Espuche, a mediados del siglo XIX. Fue entonces cuando se produjo en el huerto un fenómeno poco corriente. Del tronco de una de las palmeras más antiguas comenzaron a brotar hijuelos a una altura de casi dos metros, creando un gran candelabro de ocho brazos que hoy sigue siendo el único ejemplar conocido de su especie.

Cuentan que en esta época, la princesa Elizabeth de Wittelsbach, conocida popularmente como Sissi, esposa del emperador Francisco José de Austria, viajó a Elche y visitó el Huerto del Cura. La emperatriz quedó tan impresionada al contemplar aquel maravilloso ejemplar que dijo de él que tenía un poder y una fuerza dignos de un auténtico Imperio. Desde entonces, se le conoce como la Palmera Imperial.

A la muerte del capellán Castaño, el Huerto del Cura pasó a manos de la familia Orts y ya en los años cuarenta Juan Orts Román, primogénito de seis hermanos y enamorado de las bondades de este mágico oasis, hizo de él su casa y su obra de vida.

Este erudito ilicitano tenía otra gran pasión: la literatura. El palmeral de Elche fue protagonista de algunos de sus trabajos más importantes, como Ética y estética de la Palmera. También contribuyó con el arte y la literatura ilicitana escribiendo otras muchas obras de gran relevancia que giraban en torno a esta bella ciudad.

Su sólida formación cultural y humanística le permitió ocupar importantes cargos en su ciudad natal y utilizó esta influencia para dar a conocer el Huerto del Cura en España y fuera de sus fronteras, invitando a las personalidades más ilustres de la época a visitar el Jardín. Así, Juan Orts Román acogió en su propia casa a importantes políticos, aristócratas y figuras del mundo de la cultura.

Alfonso XIII, rey de España, el escritor Miguel de Unamuno, el premio Cervantes Rafael Alberti, el pianista Arturo Rubinstein o el premio Nobel Severo Ochoa, entre otras personalidades, han sido testigos a lo largo de todos estos años de la magia de este rincón que, con los esfuerzos de la familia Orts, obtuvo la distinción de Jardín Artístico Nacional el mismo día que La Alhambra y el Generalife de Granada.

Juan Orts Román transmitió a su familia un sueño, el de compartir con los demás la experiencia única de dormir en un auténtico paraíso, y nunca cesaron en su empeño hasta conseguirlo. Así, en los años cincuenta compraron una parcela de palmeras ubicada justo en frente del Huerto del Cura, conocida como el Huerto de Santa Teresa. Allí, entre cientos de palmeras y una vegetación exuberante, germina la primera semilla de un gran proyecto: el camping El Palmeral. Pronto se convertiría en un referente para los viajeros que hacían en Elche un alto en su camino.

Cuando la situación urbanística de la ciudad lo permitió, los hermanos Orts Serrano, hijos del intelectual Juan Orts Román, se propusieron continuar con el proyecto, hacer realidad el sueño de su padre y construir junto al camping un hotel horizontal, formado por bungalows comunicados entre sí por caminos de piedra y plantas, como si del jardín de las delicias se tratase. De este modo, el hotel, la naturaleza y las personas convivirían en armonía en un mismo espacio.

En marzo de 1972 abrió sus puertas el Hotel Huerto del Cura, con una extensión de 23.000m2, de los cuales más de 10.000 acogen un extenso jardín de palmeras y abundante vegetación que envuelve de frescos olores y dulces sensaciones los sueños de todos sus huéspedes.

A lo largo de todos estos años el Hotel Huerto del Cura ha sido testigo de amores tranquilos y apasionados, correspondidos y platónicos, lugar de debate y firma de importantes acuerdos, de encuentros y celebraciones, y por donde han pasado reyes, científicos, poetas, premios Nobel y multitud de artistas. Pero, sobre todo, es un lugar donde conviven personas que, con la amabilidad propia del carácter ilicitano y una clara vocación de servicio, trabajan día a día  para aquellos viajeros que llaman a la puerta de este rincón tan especial.

En la actualidad, esa semilla que germinó de un sueño ha crecido cual palmera en el oasis, hasta convertirse en el Grupo Huerto del Cura. Mucho más que un hotel o un restaurante, la familia ha ido creciendo, a ella se han ido sumando amigos, y juntos trabajan por y para sus huéspedes en cada uno de los establecimientos que forman esta gran casa.



El Grupo Huerto del Cura ofrece confort, bienestar y elegancia en sus dos hoteles de cuatro estrellas, el Hotel Huerto del Cura y el Hotel Jardín Milenio. Ambos ubicados en pleno corazón del Palmeral de Elche, permiten al visitante disfrutar del olor a hierba recién cortada, el sonido del viento meciendo las palmeras y el frescor del rocío sobre las hojas de palma.



Ofrece lo más representativo de la gastronomía ilicitana con los mejores arroces, carnes, pescados y verduras de la huerta levantina en sus dos restaurantes, Els Capellans y La Taula del Milenio. El viajero puede degustar manjares tan exquisitos como el Arroz con costra o la Ensalada de bogavante con verduras de temporada al aceite de hierbas, platos regados con los mejores vinos de la zona.


*Fuente extraida de europapress.es
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